CHUCHERÍAS HERODES, Segundas partes pueden ser muy buenas.

Si hace unas semanas hablabamos de «Tratado de Hortografía» (reseña aquí) de Patxi Irurzun, hoy tenemos su esperada continuación: «Chucherías Herodes» (Pamiela, 2021).

El autor, después de darse una vuelta por el kiosko.

Es de agradecer esta segunda parte, porque con la primera nos habíamos quedado con ganas de más. Irurzun nos lleva de nuevo a Jamerdana, esa ciudad inventada en la que transcurrían las peripecias de aquel protagonista sin nombre, ex-estrella efímera del punk, escritor, bibliotecario y padre viudo de dos adolescentes que no le ponen las cosas nada fáciles.

Ha pasado algún tiempo y las cosas no van mucho mejor: con una pandemia de por medio, nuestro protagonista ha perdido su trabajo como bibliotecario y sus ingresos como escritor siguen sin despegar, ya que no es, precisamente, el Pérez Reverte a quien tanta inquina profesa. Para sobrevivir, se verá obligado a pedir en la calle disfrazado como un Spiderman algo fondón.

No tan gordo como el Spiderman de la Plaza Mayor, eso sí.

Otra de las formas de llegar a fin de mes será presentarse al casting de La Escalera, un concurso de preguntas y respuestas de Jamerdana TV, con el que puede ganar quinientos euros cada vez que llegue a la última fase del programa. Un dinero relativamente fácil que, por supuesto, tiene un precio: hacer el ridículo. Para entretener a la audiencia, en dicho casting se graba a los concursantes bailando, cantando o haciendo cualquier monería. A nuestro amigo no se le ocurre otra cosa que hacer el célebre «Baile de los pajaritos» de Maria Jesús y su acordeón, un vídeo que circulará de teléfono en teléfono con mucha más frecuencia que cualquiera de sus novelas o artículos para la prensa.

Ya no se hace música como la de antes…

A pesar de tales penurias, el protagonista encuentra algún que otro alivio. Por un lado, un cierto reconocimiento: el novio de su hija se descubre como lector suyo, y la banda que lidera quiere grabar una versión trap de «Estamos contra las reglas», su único éxito como músico. Por otro, vuelve a descubrir la intimidad con el otro sexo, algo a lo que había renunciado después de la pérdida de su mujer.

«Chucherías Herodes» es una dignísima continuación de «Tratado de Hortografía» que demuestra, como hizo «El Padrino II» en su época, que las segundas partes pueden ser buenas (y, según gustos, hasta mejores). Retoma todos los temas de su antecesora con un tratamiento mucho más incisivo si cabe. Como en esa vida líquida de la que hablaba Bauman, nadamos sin posibilidad de llegar a tierra firme, porque la estabilidad  es una cosa del pasado. Pero novelas como esta nos enseñan que siempre hay espacio para la risa, el optimismo o el disfrute de la música, que vuelve a impregnar casi todas las páginas.

El libro nos depara algunas sorpresas más, como la inclusión de códigos QR, que completan la experiencia lectora con archivos multimedia en los que encontramos videoclips, actuaciones en vivo o recortes de prensa referenciados en el texto. Y a modo de bonus track, tres relatos breves (dos de ellos inéditos) que orbitan alrededor de la historia que acabamos de leer. No se puede pedir más. Bueno, sí: que la historia de este protagonista sin nombre se convierta en una saga. Hay que leer a Patxi Irurzun.

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